Dicen que el Estado será inteligente
como nuestro celular sin cobertura,
que evaluará programas con “cabeza fría”
mientras seguimos pagando impuestos en caliente.
Prometen riego de mil millones,
en trenes que nunca llegan a estaciones llenas,
embalses que caben en un PowerPoint
y carreteras hídricas sin agua que represa.
Van a digitalizar trámites eternos
para que al final te pidan la misma carpeta,
y esa carpeta será un comodato de ilusión:
“úsala hasta que alguien te la quite”.
Plantean “innovar” con inteligencia artificial
mientras tú contestas un Captcha sin fin,
y llaman “seguridad” al cerco de drones
que vigilan tu rostro más que tu sonrisa.
Con salud humanizada y listas de espera extendidas,
con cuatrocientas mil líneas de código
para que reclames en un chatbot
que ni sabe si estás vivo o eres un error 404.
Bienvenido al laboratorio chileno de anti-proyectos,
donde todo programa es un poema sin estrofas,
y la mejor promesa es que no prometen nada.
Antipoema basado en el programa de gobierno de Franco Parisi.