Señoras y señores:
el Estado promete orden,
el mercado promete progreso,
y yo prometo que mañana lloverá.

Hablan de alianzas público-privadas
como si fueran matrimonios felices,
pero todos sabemos
que hasta las mejores parejas
terminan discutiendo
por la cuenta de la luz.

La seguridad será total, dicen,
con inteligencia criminal,
pero yo sigo perdiendo
las llaves de mi casa.

La salud será universal,
eficiente, humana,
aunque todavía hay que hacer fila
para comprar un paracetamol.

La educación será de calidad,
excelente, igualitaria,
pero los niños siguen aprendiendo
que la tiza se borra con la manga.

La transición verde
salvará al planeta,
aunque el basurero de la esquina
sigue rebalsando de plástico.

Y las pensiones, ah, las pensiones,
serán solidarias,
intergeneracionales,
como si la vejez fuera un festival
y no una silla coja en la cocina.

En resumen:
Chile será un país de bienestar,
orden y progreso.
Lo dice el papel.
Y el papel, como todos sabemos,
aguanta cualquier cosa.

Antipoema basado en el programa de gobierno de Marco Enríquez-Ominami.
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